Los tres Titanes


 

Sci-fi

Este articulo fue originalmente publicado en la versión impresa de Latinux Magazine Vol I - No. 3

La literatura de Ciencia Ficción siempre tuvo que combatir demasiados prejuicios. La maldición de “historias espaciales de marcianitos verdes y pistolas de rayos laser” ha sido muy difícil de superar. Por muy divertidas que puedan ser, las aventuras espaciales han dejado una marca indeleble en el imaginario colectivo y han promovido a su vez la idea de mediocridad e inmadurez en el género.

En los países latinoamericanos nunca ha dejado de ser literatura marginal. Muestra de ello está en el limitado aporte que hemos hecho al género - mientras que nuestra literatura ha liderado vanguardias-, y una creencia generalizada de que Star Wars es una obra representativa del género. Si bien la literatura de ciencia ficción no es sólo un fenómeno anglosajón, habiendo por ejemplo grandes escritores como Stanislav Lem y un movimiento entero detrás del muro de Berlín, se reconoce hoy en día a tres autores, tres titanes del mundo anglosajón que lograron romper la maldición y ganaron el respeto y aplauso de sus sociedades

Robert Anson Heinlein (1907–1988) fue el primero en lograrlo. Para la ciencia ficción, fue altamente significativo que sus historias fueran publicadas en una revista popular, no relacionada con el género, logrando una mayor aceptación del público. Previo a eso, tanto él como todos los otros autores se veían obligados a escribir en revistas especializadas (a veces incluso pornográficas, que necesitaban llenar espacio entre imágenes), popularmente conocidas como “pulp magazines”.

Tres cosas parecen haber forjado su carácter: su ciudad natal de valores tradicionales, Kansas City, su experiencia en la marina norteamericana previa a la guerra -la cual tuvo que dejar por complicaciones de salud en 1934, nunca viendo combate actual- y las mujeres con quienes compartió matrimonio. Amigo personal de otro de los hombres de la lista, reclutó a Isaac Asimov para trabajar como ingeniero naval durante la Segunda Guerra Mundial. Su última novela juvenil lo llevó a escribir sobre temas de mucha más seriedad. Starship Troopers (1959) fue una reacción contra la izquierda americana que pedía el fin unilateral a la proliferación nuclear. La historia de un joven cadete que se hace ciudadano a través del servicio, contiene a su vez críticas al ejército como glorificaciones de la vida militar. Para otro autor del género, Philip K. Dick, la novela no es más que una apología al fascismo. Pero otra serie de novelas como La Luna es una Cruel Amante (1966), que mantiene el principio político del deber ciudadano, lo hace desde un punto de vista libertario. La idea de encontrar la libertad en las fronteras se repite a lo largo de sus historias, y los personajes en “La Luna...”consiguen formar una sociedad creativa, libre de convenciones. Sus opiniones sobre la sexualidad, en especial en Forastero en Tierra Extraña (1961) le ganaron el título de portavoz de los hippies. La poliamoria y las construcciones familiares alternativas, su oposición a la religión organizada, el nudismo y otros temas controversiales formaron parte de sus historias de esta época. Si bien aparentemente contradictorio en sus ideas de libro a libro, semantiene constante en temas como la responsabilidad, el individualismo y la autosuficiencia. En resumen, tal como es expuesto en “La Luna es una Cruel Amante“ TANSTAASFL”: There Ain’t Such Thing As A Free Lunch (no existen los almuerzos gratis) es la idea básica que Heinlein transmite en su obra.

Asimov es por mucho el más famoso de los tres grandes. Este hecho quizás se deba a su muy prolífica pluma. El número exacto de libros publicados por Asimov es tema de discusión, pero es seguro que supera los quinientos, habiendo escrito en 9 de las 10 categorías del Sistema Decimal Dewey para clasificación de libros. Isaac Asimov (1920-1992), nacido en Rusia y radicado en Nueva York, fue reconocido no sólo por sus obras de ficción, sino también por libros de biología, historia, religión, humor y otros temas de no-ficción. La palabra “robótica” y sus Tres Leyes están entre sus grandes lega- dos. Sus historias, de carácter más científico que las de Heinlein, trataban de manera general sobre las relaciones entre humanos y máquinas, así como paradojas éticas y temas filosóficos surgidos de estas relaciones. Su serie de Fundación (1951), una extrapolación de la historia romana en el futuro interestelar, está entre las más populares del género. La película Odisea en el Espacio: 2001 (1968) fue una producción en conjunto entre Clarke y la leyenda del cine Stanley Kubrick.

Sri Lankabhimanya. Sir Arthur Charles Clarke (1917–2008), que no quedó satisfecho con la manera en que fue producida la película, continuó la serie con 2010 (1982), 2061 (1987) y 3001 (1997). Sus trabajos de ficción le ganaron no sólo reconocimiento mundial, sino también la orden de caballería británica y el reconocimiento civil más alto de Sri Lanka. Con temas pseudoreligiosos de trascendencia, relacionados con el transhumanismo, historias como El Fin de la Infancia (1953) abren la ciencia ficción a temas de carácter más espiritual y paranormal. Entre su obra se incluye la invención del satélite geoestático, base fundamental de las telecomunicaciones modernas. Si bien la “buena” ciencia ficción no se puede reducir a esta pequeña lista, los aportes de estos Tres Grandes han influenciado a la gran mayoría de los escritores en los más diversos géneros. Ellos forjaron no sólo un género reducido de literatura, sino una percepción actual dell mundo, expectativas y advertencias que son compartidas por miles de millones de personas.

Christian Bogado Marsá inverso@gmail.com